¿Que eran los manicomios?
Los manicomios eran instituciones diseñadas para ocultar a aquellas personas que sufrían algún trastorno mental, como los trastornos de conducta, de pensamiento, etc. Para esto se crearon edificios con el fin de recluir a sus internos mas que de proporcionarles ayuda. Estos lugares eran mantenidos por la caridad de aquellas personas con una gran fe religiosa pero sin suficiente compasión para averiguar como vivían o eran tratadas estas personas.
La vida en uno
En general, la calidad de vida y el estado mental de los internos se deterioraban durante su internación: las condiciones de higiene eran casi inexistentes, a esto se le suma que el hacinamiento facilitaba el contagio de enfermedades infecciosas. El abuso físico, psicológico e incluso sexual eran cosa común, los trabajadores del hospital no recibían amonestaciones de ningún tipo por estas acciones, era como un pacto silencioso el hecho de que podían hacer lo que les viniera en gana, y como los pacientes eran enfermos mentales ¿Quién iba a creerles?
En los casos de pacientes que ponían gran resistencia física a los médicos o sus tratamientos, era común atarlos o encadenarlos a las camas o en algún lugar de la habitación, con el objetivo de inmovilizarlos. A otros simplemente se los sobremedicaba o se les administraban sedantes fuertes, o se les golpeaba hasta dejarlos quietos o que hicieran caso. También se volvió muy popular en el siglo XX (entre 1930 y 1950) la Lobotomía, una cirujía que implicaba la insertación de un instrumento afilado a través de la cuenca del ojo para llegar al cerebro y cortar el Lóbulo Frontal, logrando así cortar las conexiones neuronales. Este procedimiento se hacia sin ningún tipo de sedantes en absoluto, y se descubrió que de hecho, tiene efectos secundarios físicos y psicológicos terribles, por lo cual esta prohibida actualmente.
Los internos tampoco tenían ningún tipo de contacto con el mundo fuera del hospital, muchos eran abandonados a su suerte por sus familias o simplemente no se les permitía contactar de ninguna forma a ningún agente de fuera de la institución. Así, nadie se escapaba, no existían quejas por las condiciones de vida de estas personas, todos se mantienen perfectamente controlados, y la sociedad no necesita ver ni preocuparse por sus miembros «defectuosos».
Si querés conocer mas información o testimonios, te invitamos a visitar «Argentina sin manicomios»:https://argentinasinmanicomios.acij.org.ar/la-voz-de-sus-sobrevivientes/
La mirada social
Históricamente, cualquier comportamiento o respuesta fuera de lo común y convenido socialmente estuvo mal visto, y en siglos pasados, cuando teníamos menos información sobre los distintos padecimientos mentales, estábamos particularmente predispuestos a juzgar al prójimo.
En la Edad Media, por ejemplo, como la practica religiosa tenia un papel fundamental en la vida de las personas, todo lo desconocido intentaba explicarse a través de la religión. Así, se creía que los locos eran en realidad personas poseídas por el demonio, gente de mala vida, practicantes de la brujería, pecadores que fueron castigados por Dios, o privilegiados que estaban en contacto estrecho con lo divino y por lo tanto tenían una sabiduría superior a la común. Estas personas entonces eran «curadas» con exorcismos, la Eucaristía, etc. Sin importar la respuesta, las personas comunes preferían ignorarlos , blasfemarlos y maldecirlos, con la tranquilidad de que, a diferencia de la Lepra, la locura no era contagiosa.
En el Renacimiento, por ejemplo, se opta por erradicar directamente a los locos, sacarlos de las ciudades y de todo espacio publico, entonces se los deja en campos bien apartados de las urbes o en un barco sin timón a la mar, cosa de no cargar con la culpa de asesinarlos pero tampoco con la responsabilidad del buen samaritano.
Sin importar la época que veamos, abunda mas la critica, la burla y dar vuelta la cara a estas personas que la paciencia, la información o la inclusión.
«Ir a terapia es solo para los locos», «no esta mal, solo quiere llamar la atención», «si estás triste no lo estés y listo», «no podemos hacer nada por ellos», «a mí núnca me va a pasar, si yo soy una persona normal».
Final
Ahora, los dejo con un par de testimonios anónimos que me parecieron muy «ilustrativos» sobre lo que estuvimos hablando.
¿Conoces alguno?
Testimonio 1:
Antes en el barrio teníamos una vecina que le decíamos «La loca», era una mujer cuya hija falleció muy chiquita y desde entonces, cualquier chica rubia y de ojos verdes que pasaba ella las perseguía, creía que eran su hija. Cuando las chicas la veían venir salían corriendo, y los chicos del barrio le gritaban «vieja loca» cuando pasaban por la casa».
Testimonio 2:
Cuando estaba en primaria, por tercero o cuarto trajeron a un compañero nuevo: Lucas. Todos nos dábamos cuenta que algo raro tenia, aveces se ponía a gritar de la nada, interrumpía a la profesora sin razón, a veces jugando no media bien la fuerza, y en general parecía que le costaba un poco entender los temas que explicaban las profesoras. Las chicas no le daban bola o no se acercaban, los chicos lo molestaban en el recreo, medio jugando con él y medio burlándose, y en general, todos rezábamos porque no nos tocara sentarnos con él o cerca. Al final, lo sacaron de la escuela, era muy chica y no me enteré por qué , aunque es bastante obvio, lo máximo que debe haber estado en la escuela es medio año mas o menos.
Testimonio 3:
Teníamos un vecino con un hermano que tenia Síndrome de Down, cuando eramos chicos el ya era bastante grande, cuando salíamos a jugar y lo veíamos afuera de la casa nos daba un toque de cosa, nos hacíamos los boludos y nos íbamos. Ahora de grande me da pena, me doy cuenta que solamente quería jugar con nosotros y nosotros le teníamos miedo. Aparte en ese momento no se hablaba de esas cosas, nadie preguntaba nada y así se quedaban las cosas.
Testimonio 4:
Ahora estoy jubilado, pero mucho tiempo estuve trabajando en la ambulancia en un hospital. Me acuerdo de una vez que nos mandaron a buscar hasta La Plata a un paciente, cuando llegamos resulta que la dirección era de una iglesia, había un grupo de personas al rededor de un sacerdote que le estaba haciendo un exorcismo a una mujer. La mujer gritaba, se sacudía con mucha fuerza y la tenían agarrada entre un par de personas, el sacerdote por poco nos juraba que lo que ella tenia era espiritual, pero nosotros no lo cre íamos, y mas allá de eso, había que llevarla al hospital para que la viera un medico. Al final y por lo que me entere, un medico amigo la reviso, le hicieron análisis y pruebas pero no tenia nada fuera de lo normal, la terminaron llevando al pabellón psiquiátrico.
Supongo que todos conocemos o tenemos una historia así, donde juzgamos sin saber, donde no supimos qué hacer, donde dudamos si preguntar, si ayudar, si meternos, si hacer la diferencia.
Yo creo firmemente que para mejorar o cambiar hay que incomodarnos, intentar lo nuevo, intentar conocerlo, entenderlo, probarlo ¿Y si intentamos informarnos, preguntar sin vergüenza, ofrecer una mano, una palabra de alivio?
Con poco y de apoco se puede hacer mucho, mucho por personas como nosotros, nuestros colegas en esto que es vivir, nacer sin elegir en qué país, en qué situación, en qué familia, en qué cuerpo.